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Cultura Científica

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El cáncer del ecologismo

Este es un artículo publicado en el blog La Ciencia y sus Demonios que vale la pena leer. Serán pocas las veces que hagamos un re-blog pues nos interesa ofrecer contenido originales, pero además de que una buena parte de lo aquí escrito es compartido por Gnosias, consideramos que es un texto crítico, de calidad y con diversos puntos sobre los que trataremos en artículos posteriores.

La Ciencia y sus Demonios

Félix Rodríguez de la Fuente y Jacques Custeau.

Científicamente incorrecto

Pues aunque pueda sonar duro, así es. No hace tanto que se denunciaba en este blog la infiltración del anticientifismo en el movimiento del 15-M, pero eso no es más que un muy tímido intento de replicar la casi total destrucción que han provocado desde hace ya muchos años del movimiento ecologista. Y no hay nada más que mirar qué ha pasado con el ecologismo para darse cuenta de lo peligroso que es para movimientos sociales y políticos legítimos dejarse invadir y caer en la tentación de dar cobijo a ciertas tendencias y organizaciones.

Aunque se pueden trazar antecedentes muy anteriores y existieron grupos y acciones que hoy calificaríamos de ecologistas, el movimiento ecologista tal como lo concebimos ahora comenzó, o más bien se popularizó, a finales de la década de 1950 y principios de 1960. En esa época, las campañas ecologistas consiguieron éxitos notables, como la regulación en el…

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Paradojas y errores de pensamiento

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Una paradoja es un argumento cuyas premisas son válidas y parecen tener sentido si cada una de ellas es pensada por separado, pero cuya conclusión es absurda.

Una de las paradojas más conocidas es la que estructuró el filósofo griego Zenón de Elea: La paradoja de Aquiles y la tortuga.

El argumento que presenta Zenón es el siguiente:

Aquiles y una tortuga competirán en una carrera. El sentido común nos dice que Aquiles ganará, algo que por obvias razones él también piensa. Así, Aquiles decide alardear de su ventaja y permite que la tortuga salga primero. Después de un tiempo, Aquiles comienza a correr para alcanzarla y rebasarla. Sin embargo, Aquiles no reparó en que cada vez que él se acercara a la tortuga, la tortuga ya habría avanzado un poco más. De esta forma, a menos de que la tortuga se detuviera por completo, Aquiles jamás sería capaz de alcanzarla.

Zenón y la ilusión de la pluralidad y el movimiento

Zenón deseaba comprobar que el movimiento y la pluralidad de las cosas eran una mera ilusión. Con esta paradoja podía demostrar que si en realidad existían cosas distintas entre sí, también habría espacios entre ellas, espacios delimitados que podrían dividirse hasta el infinito. Si esto fuera cierto, uno jamás podría alcanzar cualquier otro objeto. Podemos imaginar esto al pensarnos frente a una taza. Si la taza y nosotros fuéramos cosas distintas y delimitadas, entre la taza y nosotros habría un espacio de, digamos, 1 metro. Pero este metro tendría dos espacios de 50 cm. cada uno y éstos tendrían espacios de 25 cm. entre ellos. De ser así habría espacios infinitos entre la taza y nosotros y jamás podríamos tomarla. Por esta razón, la idea de pluralidad y diferencia entre las cosas debería ser una ilusión, un engaño de nuestro sentido común y ello debería comprobarse a partir de la lógica.

La paradoja funcionó para mostrar que, en efecto, el argumento contaba con premisas razonables pero que el resultado era evidentemente absurdo: Aquiles siempre le ganaría a la tortuga, no tenía sentido pensar en lo contrario.

A partir de este argumento, Zenón estableció que todo debe ser uno, que la multiplicidad es ilógica y que la diferencia y el espacio vacío no eran posibles. Este pensamiento lo heredó de otro filósofo griego, su maestro Parménides. Asimismo, las ideas de estos filósofos eleáticos (porque ambos eran de la región de Elea) fueron adoptadas por uno de los pensadores más importantes e influyentes de aquella época: Aristóteles, sobre todo en su libro de la Física y específicamente en su negación a la existencia del vacío.

La resolución de la paradoja

Pero volvamos a la paradoja. Algo que no consideró Zenón y que ahora podemos comprobar a partir del cálculo es que una de sus premisas no era válida.

Al establecer en una de sus premisas que Aquiles debería recorrer un número infinito de espacios en una cantidad de tiempo infinita para alcanzar a la tortuga, el filósofo no tenía en cuenta que cualquier sucesión infinita de números positivos menores a 1, es igual a 1.

Así es, el cálculo nos enseña que 0.9999… es igual a 1.

Entre las demostraciones de esto tenemos las Cortaduras de Dedekind y las Sucesiones de Cauchy. Hay diversas explicaciones y demostraciones de esta igualdad, por cierto, unas bastante complejas. En esta ocasión sólo se mostrará la comprobación más simple y la más utilizada por la aritmética elemental: la demostración por Fracciones y la División Euclidiana.

La ecuación es bastante simple. Decimos que 1/9 = 0.111… Sólo es cuestión de hacer la división para comprobarlo.

Ahora ¿qué pasaría si si multiplicamos 1/9 por 9? Lógicamente también tendríamos que multiplicar 9 por 0.1111… para mantener la igualdad. Así:

 9 por 1/9 = 9 por 0.1111…

 Si resolvemos esta ecuación tendremos que en “9 por 1/9” los números 9 se cancelan, por lo que de ese lado de la igualdad, nos quedará solamente el 1.

Del otro lado de la igualdad, si multiplicamos 9 por 0.1111… tendremos 0.999… como resultado. Así:

 1 = 0.9999…

Si Zenón decía que entre Aquiles y la tortuga había espacios infinitos por recorrer en una cantidad de tiempo infinito, entonces tendríamos muchos periodos de tiempo: T0, T1, T2, T3… y cada uno de estos periodos sería cada vez más corto. Por lo tanto si T1 fuera 10 minutos, T2 sería 5 minutos, T3 sería 2.5 minutos y así, sucesivamente. Otra forma de representar esto es con fracciones. De ese modo T1 sería 1/2, T2 sería 1/4, T3 sería 1/8 y así sucesivamente.

Al realizar la suma de todas estas porciones de tiempo llegaríamos al punto en el que tendríamos como resultado 0.99999999999999… y como ya vimos, esto sería igual a 1.

Matemáticas para pensar 

Con base en esto (y a sabiendas de que esta vez se les presenta un análisis muy general que sacrifica exactitud a favor de la claridad), podemos decir que Zenón estaba equivocado en su premisa al dar por hecho que siempre sucederá que la suma de una secuencia de cantidades positivas de tiempo, da como resultado un periodo más largo de tiempo. Como hemos comprobado, esto no es cierto, no podemos decir que sucede siempre, pues la suma de una secuencia infinita de números racionales (fracciones), nos dará como resultado 1, no más.

Las paradojas, como se pudo mostrar en este caso, representan un reto de orden matemático. La ventaja directa de resolver una paradoja como la de Zenón, implica desmontar un argumento no válido que de cualquier otra forma podría parecernos válido.

Esto nos enseña la importancia del “cómo” enunciamos lo que consideramos verdadero, la forma en la que usamos el lenguaje para comprender y expresar nuestro entorno. Es un buen ejercicio para darnos cuenta de que muchas veces estructuramos mal nuestros enunciados y por lo tanto, pensamos de forma incorrecta. A su vez, esto afecta como una reacción en cadena, pues si alguien es capaz de convencer a otro alguien de cualquier cosa con argumentos que sólo parecen válidos pero no lo son, el error será aceptado por el otro quien, a su vez, convencerá a alguien más con esta idea equivocada.

Cuando nos dicen en la escuela que las matemáticas nos serán útiles durante toda nuestra vida, jamás imaginamos que éstas estarán en acción incluso cuando pensamos y hablamos.

Si ponemos sólo un poco de atención a los enunciados que utilizan otras personas, podemos darnos cuenta de que todos somos presas constantes de errores lógicos, de que enunciamos de forma incorrecta y por lo tanto, pensamos de forma equivocada.

¿Cuántas de nuestras ideas y creencias se basan en argumentos inválidos?

Para nuestra fortuna contamos con herramientas para pensar como lo son la lógica y las matemáticas, herramientas no siempre infalibles, pero sin duda, bastante útiles.

¿Para qué hacer divulgación científica?

Típico. Las personas escuchan el término Ciencia y lo primero que viene a su mente es la imagen de aquel tipo callado, con lentes, total inhabilidad para vestirse “a la moda” y un talento muy particular para dejar en ridículo a la clase frente a los profesores. ¿Pero quién se cree ése? El sabelotodo que a la primera ocasión (o sea, después de que nadie en el salón supo contestar correctamente la pregunta del maestro) levanta la mano para iluminarnos con su inteligencia.

Ya no hay que pensar en el concepto Ciencia, la sola palabra logra evocar los horrores a los que sobrevivimos en el colegio. Matemáticas, Química, Física… ¿para qué tanta complicación? ¿Esto para qué me va servir? Entonces viene la “mágica” respuesta que deja a todos medianamente resignados: La Ciencia es una herramienta que siempre estará presente en la vida cotidiana. Después empieza el ataque de ejemplos: “imaginen que no supieran contar… no podrían saber si es correcto el cambio que reciben cuando compran algo”, “la Biología es importante porque estudia la vida y todos nosotros somos seres vivos”, “la Física la van a utilizar hasta cuando aprendan a manejar”. Sí, también todo esto es típico.

Ideas equivocadas sobre la Ciencia

En la conferencia titulada “La poesía de la ciencia” el biólogo Richard Dawkins dice que es un error de la educación básica el que nos presenten a  la Ciencia como algo cotidiano, casi irrelevante. Es cierto. Al momento en el que los profesores subrayan la importancia de la Ciencia al decir que es “aquello que está presente en el acontecer diario”, el interés desaparece de inmediato. ¿Para qué estudio algo que de todos modos está ahí, todo el tiempo en todo lo que hago?

Lo que pocas veces se señala es que la Ciencia es la herramienta fundamental para entender cualquier cosa, que su importancia no se funde con el quehacer cotidiano sino que lo ilumina, le da sentido y que cada uno de los logros obtenidos por esta disciplina son más asombrosos que el más increíble truco de magia.

También es cierto que cada uno de nosotros tiene habilidades distintas, hay personas a las que les complica mucho el razonamiento matemático pero que tienen una excelente percepción. Otras  gozan de una memoria privilegiada pero tienen dificultad para desarrollar actividades manuales. Aquí no se trata de categorizar qué es “mejor” o “peor”. La cuestión es que el pensamiento científico es capaz de potenciar las habilidades particulares y la Ciencia como herramienta de conocimiento, permite aprovechar el medio en el que nos desenvolvemos. 

El pensamiento científico tiene como base al pensamiento crítico. A diferencia de la concepción habitual de que “la Ciencia es cerrada y dogmática”, en ella subyace de manera necesaria la postura crítica. Un científico serio difícilmente enunciará una verdad si no es que ya la ha cuestionado miles de veces antes. Tampoco lo hará sin pruebas, sin haber pasado un largo tiempo en el constante ensayo y error. Igualmente, cualquier aseveración dada por un científico debe poder ser comprobable por cualquier otro. Así, el conocimiento científico se mantiene siempre en movimiento y cada uno de sus pasos, nos aproxima a una mayor comprensión de… bueno, todo.

La Ciencia sí es “lo tuyo”

Ahora, ¿cuál es la relevancia de la divulgación científica? En un mundo en el que somos cuasi entrenados para tener una visión sesgada de la realidad, en este entorno que más que contagiar el apetito por conocer nos vende la idea de que hay cosas que nunca podremos comprender, un gran número de personas se pierde de la aventura científica. Tal vez suena infantil, hasta ñoño (sí, pueden imaginarme como la típica nerd que ilustraba al inicio del texto), pero me es difícil expresar de una mejor manera la emocionante travesía del conocimiento.

En el momento en el que alguien decide que “la Ciencia no es lo suyo”, comienza un proceso de distanciamiento. El conocimiento científico avanza a una velocidad que apenas los científicos pueden seguir con más o menos dificultad.  Surgen nuevos conceptos, definiciones, ideas, teorías, hipótesis, leyes y por supuesto, tecnologías. Somos testigos de la forma en la que la informática se convirtió en una herramienta esencial para hacer un sinfín de cosas, el proceso de adaptación a esta nueva tecnología fue muy corto, aquellos que se mantuvieron alejados de las computadoras sufrieron cuando en el trabajo les pedían que anotaran su correo electrónico y ni qué decir cuando los teléfonos inteligentes se volvieron accesorio indispensable para casi cualquier habitante de la ciudad.

Ante el surgimiento de la informática, se abrieron nuevos campos de conocimiento y éstos se especializan día con día. Con este ejemplo podemos imaginar las consecuencias que afronta la persona que de repente decidió que las computadoras “no eran lo suyo”. Así sucede ahora con todas las ramas de la Ciencia. Avanzan a tal velocidad que uno desearía tener un botón de “actualizar” para poder estar al día con la enorme cantidad de información que se genera a cada instante.

La importancia de la divulgación científica

Sin deseos de entrar en la conocida polémica en torno a la era de la información, lo único que pretendo ilustrar es lo difícil que resulta tener acceso al saber científico sin tener un trasfondo, una base sólida de este tipo de conocimiento. Tal dificultad ya no es una simple omisión educativa, sino que afecta directamente a la posibilidad de todo individuo a participar en la construcción de su entorno, a tener una postura crítica con argumentos bien fundados para decidir sobre su consumo, su profesión, su trabajo, vamos, ya no sobre sólo su futuro sino su presente, su vida.

El trabajo que proyecta la divulgación científica es el de poder informar de manera general y con la mayor claridad posible de lo que sucede en el campo de la Ciencia. De brindar herramientas que le sirvan a las personas para poder opinar con bases y para que, si lo desean, puedan profundizar en los temas y así aportar ideas constructivas y libres de prejuicios ideológicos.

En este blog, los lectores podrán tener una idea de lo que aquí se expone. Es  la búsqueda por incluir a todos los interesados en temas que se pueden llegar a concebir como lejanos y abstractos. Nunca es tarde para acercarse a la Ciencia y así, sin importar cuál sea sea la disciplina que se ejerza, tener un panorama más amplio de los cambios que se producen a nivel científico-social. Pues vale recordar que la Ciencia es humana y el medio a partir del cual, más que transformar nuestro entorno, transformamos la forma en la que lo entendemos y el modo en el que nos relacionamos con él.